Desde chico tengo un “problema”: me aburro fácil. No de cualquier cosa, las cosas que me interesan obvio que no me aburren facilmente (o no me aburren del todo).
Cuando iba a la escuela, en la hora de computación terminaba siempre antes que todos las tareas o ejercicios. Y después de estar dos minutos quieto viendo como los demás hacían cosas tenía dos chances: ayudar a alguien que no podía hacerlo muy rápido, y si nadie necesitaba mi ayuda, ponerme a hacer otra cosa más divertida. Si tenía la oportunidad de estar sólo frente a la PC (cosa que no ocurría seguido porque no había una por alumno) todo se solucionaba, porque hasta que me retara la profesora (“podés romper la computadora” o “no está permitido hacer cualquier cosa en la computadora”) tenía tiempo de investigar las entrañas del software. Así aprendí mucho.
En las demás clases me pasaba lo mismo. Cuando terminaba antes las cosas, o me aburría en el medio de la clase porque el tema no me interesaba, era susceptible de terminar recibiendo un reto. No lo voy a negar. Alguna que otra vez me puse a “molestar” con algún cómplice. Todos lo hicimos. Pero si no molestaba, me ponía a hacer otra cosa, como dibujar, leer un libro, o simplemente mirar directamente a la profesora sin hacer nada más para que se diera cuenta de que estaba aburrido.
¿Hacia dónde voy? Bueno, más allá de que en sus cabezas ahora esté la imagen de Matías A.K.A. “hormigas en el culo”, creo que lo que me pasaba a mí le ha ocurrido a muchos.
Nos educaron con la idea de que quedarse sentados en el banco sin chistar, sin repetir y sin soplar, hacer caso omiso, ser androides con conocimiento apilado cual fetas de jamón y queso en el cerebro, nos iba a llevar a ser exitosos, y ser abanderados. No desmerezco el hecho de ser abanderado, nunca lo fui aunque siempre tuve muy buenas notas en la escuela. Pero el hecho de aprender las cosas de memoria (porque no nos enseñaban a no aprender de memoria, y hoy siguen sin enseñar) para luego repetirlas como una maquinita, esa especie de enseñanza unilateral (no se me ocurre otra forma de claificarla ahora pero creo que se entiende), mata la creatividad. La creatividad que debería ser el combustible de todo tipo de aprendizaje.
Fui educado (en la escuela, valga la aclaración, papá y mamá no tienen que ver en esto) bajo la premisa de que equivocarse está mal, que tengo que aprender de memoria hasta los hechos de la Revolución de Mayo, y que si no los sé ESTÁ MAL.
El BIEN: saber lo que nos enseña la maestra de memoria. Quedarse quieto. No hablar. Ser condesciente condescendiente.
El MAL: no saber. Moverse. Hablar. Hasta, a veces, preguntar “de más”…
Diganme si me equivoco (y sí, ya sé, quizás peco por generalizar)… El abanderado, el premiado, el modelo (o la), era el callado, el introspectivo, y posiblemente el que menos aptitudes sociales tenía. ¿A quién se le ocurre premiar a quien no habla?.
Claro que tuve excepciones. Una profesora de Literatura, muchas veces nos iluminó el alma con las cosas que nos enseñó y nos hizo hacer; y otra de Filosofía, porque más allá de que siempre tuve un interés especial por la filosofía, logró mantenerme enfocado todo el tiempo con lo que nos enseñaba.
En la escuela no me enseñaron a estar preparado para equivocarme, porque, hey!, equivocarse está mal! Me metieron en la cabeza contenidos pero no enseñanzas para hacer algo con ese contenido. No fomentaron que busquemos soluciones. Fomentaron que me quede sentado, “que me quede en su lugar”. Que no chiste. No lo lograron claro. Sino no estaría acá escribiendo.
La escuela, el sistema educativo, son antiguos. ¿Cuántas materias, cuántos profesores, creen que fomentaron su creatividad?
¿No es lo más racional que se trate de fomentar los talentos y aptitudes de una persona en vez de encasillarla para pensar y hacer de cierta manera? No hablo de un plan de estudios para cada individuo, sino de… “libertades” (si se me permite) que dejen a uno aprovechar sus gustos, intereses, aptitudes; y que se desarrolle la capacidad de imaginar.
¿No les parece que la imaginación es la mayor herramienta para transformar la realidad que tenemos a mano? Personalmente creo que si en mi casa no me hubiesen fomentado a mantenerme en movimiento, dibujar, valorar el arte en todas sus expresiones, escribir, y varios etcéteras más, hoy no estaría acá, y seguramente mi vida sería muy pero muy aburrida.
Algo venimos haciendo mal hace mucho y no es tan tarde para cambiarlo. Darle las herramientas necesarias a cada niño para que desarrolle sus aptitudes innatas, para que investigue sobre sus intereses, debería ser uno de los objetivos (¿o EL objetivo?) de un plan educativo.
No debería haber más gente aburrida en las escuelas.
Hace un tiempo leí un discurso de la escritora de Harry Potter, J.K. Rowling, hablando sobre quienes se rehusan a utilizar su imaginación:
Escogen vivir en espacios limitados que conllevan a una forma de agorafobia mental, que trae sus propios terrores. Creo que las personas sin imaginación ven más monstruos. Y a menudo están más asustadas.
Todos somos capaces de imaginar, de ser creativos. Pero en algún momento perdimos esa capacidad. En algún punto de nuestra educación hicieron que pensemos de una forma, la que dicen ellos, y no en alguna otra. En algún momento mataron la creatividad.
No pudieron mantenerme quieto y callado. No soy un rebelde. Pero utilizo mi imaginación día a día.
No lo lograron.