Porqué no escribo más sobre política

En mis blogs anteriores solía escribir regularmente sobre temas de política… En general, intervenciones casi utópicas sobre cómo debería ser el mundo y criticando el cómo es. Pero en algún momento le perdí el gustito. Uno dirá que estudiando Relaciones Internacionales, estando cerca a graduarme, debería ocuparme más de esos temas. Pero no. Varias razones:

  • Me saturé. Escribir sobre política me terminaba poniendo pesimista.
  • Me dí cuenta que más allá de escupir ideas, hacer volar la imaginación y recibir comentarios absurdos, fundamentalistas, y de todo un poco, no me traía ninguna satisfacción.
  • Escribiendo un post no voy a cambiar el mundo.
  • El tratar temas políticos constantemente en la facultad hace que a la hora de escribir no me den muchas ganas de meterme otra vez en tópicos de esa índole. No es que no me preocupen, sino que me preocupan demasiado y prefiero canalizar esto de otras maneras.

Sí, de vez en cuando tiro algunos snacks, acá, en Twitter, o Facebook (últimamente relacionados al Presidente que ganó el Nobel y dice que la guerra a veces es necesaria…). Pero creo que eso es todo lo que despedirá tufillo politiquero de mí por estos lares.

Michetti, ¿en qué quedamos?

Trato de no publicar mucho sobre política más que nada por una cuestión de salud mental, pero el deber me llama…

Acabo de leer en LN.com a Gabi Michetti diciendo que “plantear candidaturas para 2011 es una irresponsabilidad”, en referencia a las declaraciones del ex-gobernador Solá, y me sorprende, porque creo que Gabriela es una persona hiper capacitada, muy inteligente, pero se olvida que en Septiembre ella habló sobre la posible candidatura de Mauricio Macri para 2011. Nadie resiste un archivo ;).

El voto de los Diputados por Entre Ríos en el impuestazo tecnológico

Sobre el tema del impuestazo tecnológico ilógico que nuestros honorables diputados acaban de aprobar mejor les recomiendo que lean los posts de Mariano, Fabio y Roger (recomienden alguno más en los comments). Lo que quería compartir era el voto de cada uno de los diputados entrerrianos a partir de éste PDF que recopila todos los votos.

Nelio Calza (FPV) votó afirmativo, como también Raúl Solanas (FPV). Por otro lado, María de los Angeles Petit (Peronismo Federal) votó negativo, al igual que Lisandro Viale (Socialismo). Gustavo Cusinatto (UCR) optó por la abstención como casi toda la UCR (que también proporcionó algunos afirmativos). Cristina Cremer de Busti (Peronismo Federal) y Sergio Varisco (UCR) no estuvieron presentes (no conozco las causas), al igual que Emilio Martínez Garbino (Concertación Entrerriana) a quien ya no se oye en la provincia.

Acá se pueden sumar a la causa en Facebook: NO al impuestazo.

Los piratas del Paraná

No suelo abrir forwards, creo que son lo mismo que el spam pero disfrazado. Sólo cuando alguien me dice que lo abra porque me va a interesar o el título me atrae mucho, como éste caso. Hace ya unos días me había llegado pero recién ahora lo leí con atención. Lo voy a copiar y pegar aquí abajo, cuenta acerca de cómo nos están robando el agua de la cuenca del Paraná, sin tapujos. En los medios, salvo algún artículo alarmante pero sin profundidad hace mucho, no he leído nada. Parecería que estas empresas están trabajando con total impunidad en nuestro país y nadie hace nada.

Vean cómo en la página de la empresa que nombran en el mail ofrecen “su” “agua de América del Sur” mientras una musiquita de cuento de hadas suena atrás.

El mail:

LOS PIRATAS DEL PARANÁ

¡Se acuerdan cuando muchos nos preguntàbamos irónicamente “pero como se van a llevar el agua”?… Bueno, aquí lo vemos.

Negocio fácil: lastran los buques con agua del Paraná para luego venderla al exterior.

Es una historia de piratas. Vienen en barco, se llevan el agua y la venden al otro lado del Atlántico sin mayores restricciones de la estructura jurídica nacional o provincial.

Así de desmedido y paradójico es cómo empresas internacionales venden por internet el agua de los ríos argentinos a Medio Oriente y África, según la versión difundida en los últimos días por la ONG ecologista Río Paraná.
El agua dulce, dada su escasez en el planeta (3% del total), asoma como el mayor conflicto geopolítico del siglo XXI.
Argentina dispone de mucho (22.000 metros cúbicos por habitante al año), pero mal distribuida: dos tercios de su territorio es árido o semi árido. En este escenario, la empresa Makhena SA, con sede en Miami y sucursal en Buenos
Aires, ofrece por internet agua dulce de los ríos de la llanura argentina. El Paraná es el más importante de ellos.

La empresa Makhena S.A., con sede en Miami y sucursal en Buenos Aires, expone en su página de Internet
(www.makhena.com) las características del producto que ofrece al mercado (agua dulce, cruda, sin tratamiento), el origen (ríos de llanura, en Argentina), las cantidades (entre 60.000 y 70.000 toneladas por envío), el uso (potabilización y consumo, riego, etc.) y la forma de transporte (buques tanque). El negocio es redondísimo y casi sin
riesgos. Vender un recurso barato, a precios altísimos, claro que a partir de “un elemento insustituible que, a pesar de ser renovable, su escasez se manifiesta a medida que aumentan las demandas y conflictos por su uso”, tal como admite la misma empresa en su web.

En concreto lo que hacen es esto: Se llevan el agua del litoral del país en el lastre de los barcos. Cualquier buque, para poder navegar, tiene que estar lastrado, con cierto peso para mantenerlo equilibrado. Para que pueda navegar sin zozobras, debe cargar cierto volumen en sus bodegas, así, descargan la mercadería en puerto argentino y cargan agua dulce (también en puerto argentino) “para la vuelta”, y la venden en los mercados del Medio Oriente, África y Europa donde luego la potabilizan. La cargan en el Paraná porque el agua está menos contaminada que en el Río de la Plata.

Hasta ahora no hay ninguna ley que regule el “tráfico clandestino de agua dulce”, lo hacen impunemente a la vista de todo el mundo y en las propias narices de la prefectura naval Argentina, que sabe lo que hacen pero que no tienen los instrumentos jurídicos para poder actuar.

Mientras tanto por los ríos del Delta del Paraná, los vemos navegar todos los días, llevándose nuestros recursos naturales en sus bodegas gratuitamente.

La vulgarización del “cambio”

Me cuesta pensar que todos los candidatos para las próximas elecciones legislativas estén asesorados por los mismos publicistas, y también me produce un poco de miedito pensar que si no es así, todos los publicistas que asesoran a políticos no saben un pomo.

La consigna de éstas elecciones es el “cambio”. Claro, todos agarraron el Pequeño Obama Ilustrado, se hicieron cuentas en Twitter, algunos perfilachos en Facebook, y ahora todos representan la mejor opción de “cambio” posible. Que alguien me explique que es el “cambio”.

“Cambio” esto, “cambio” lo otro, si todos propugnan un cambio entonces en algo coinciden, oh sí!.

“Sumate al cambio”; “El cambio seguro”; “Con ****** el cambio ya empezó”; “Un cambio en serio”. Oigan, ¿nos están jodiendo?.

8 años después de que el “Que se vayan todos” resonara en cada cacerola afuera de la Casa Rosada, hoy casi los mismos tipos nos hablan de un “cambio” que no vislumbro en ninguna propuesta.

Yo, veo al “cambio” muy, muy lejos.

Guest es invitado en inglés

Hace un par de días, Mati me invitó a lo que él llama un Guest Post. En realidad sabemos que quiere que opine sobre lo único sobre lo que puede opinarse en estos días: las elecciones.

Repasemos: Matías Calderón es un tipo diplomático, es una persona metida en política. Pero a su vez es una persona políticamente correcta en el 98% de los casos.

Ahí está lo interesante de este Guest Post. Yo no soy Mati.

El tema de las elecciones es un tema complicado de abordar sin ponerse la camiseta. Generalmente cuando se debate sobre escenarios en los que los protagonistas son antagónicos, es casi imposible no guiñarle un ojo a alguno. Hablar de elecciones (o seamos claros, hablar de política) es hablar de fútbol, de religión, de minas, y sabemos lo que colabora a la verborrea hablar de fútbol, de religión o de minas.

Hechas las aclaraciones, falta la más importante; no voy a hablar de las elecciones, voy a hablar de los electores.

Parece sencillo esgrimir argumentos a favor hasta del más impresentable de los candidatos, pero no es tan sencillo mirarse un poco al espejo y hablar desde la vereda de enfrente. En cuarto año de una carrera universitaria, todavía tengo que soportar gente que levanta la mano para decir “a mí votar me importa un carajo” y profesores que se esfuerzan en convencer al desinteresado joven acerca de las bondades de la democracia.

A mí votar me desespera. Me desespera ser incrédulo con todo el mundo, me desespera que a mis contemporáneos les importe un carajo. Hablamos de una generación que consume Facebook y Youtube pero no lee un solo diario. Hablamos de una generación que sabe comprar por Mercado Libre y que sabe lo que es un Procesador de doble núcleo pero no tiene idea en qué escuela vota. Ahí está, creo yo, la raíz del asunto.

Me parece que la generación de nuevos votantes sigue pensando que votar, vota papá y mamá. Me parece que el atraso de la adolescencia tiene un límite y situaciones como esta lo ponen sobre la mesa. Personas de veintitantos ya no están en condiciones de que votar les importe un carajo, al menos no en gran número; deberían ser una excepción y la excepción resulta ser que yo postee esto y no una foto mía con un vaso de cerveza en la mano o de mi mascota durmiendo en la cama de mis viejos.

La sobreinformación tiene estas consecuencias. En primer lugar el vaciamiento de contenido, en segundo lugar el vaciamiento de cerebros (como consecuencia irreversible). Yo, a diferencia del dueño de este blog, difiero en que el voto en blanco sea una herramienta o un método de protesta. El voto en blanco es un facilismo, una herramienta también, pero del poder para crear otro vacío más, otro espacio sin argumentos, sin ecos y sin una forma de pensar. Esa es la consecuencia primordial del la sobreinformación. La sobreinformación es vaciamiento, y estamos más sobreinformados que nunca.

De la subinformación, del analfabetismo, de la pobreza nos cansamos de hablar y se cansan de hablar nuestros candidatos. Existen sí muchos que no tienen herramientas para argumentar, para definirse y en síntesis para existir en el sistema. El problema grave es que a quienes las tenemos, nos importa un carajo; es que estamos demasiado ocupados haciendo un quiz en la red como para ponernos a pensar un poco en ser adultos. Es que discutir es malo. Es que votar, vota papá.

Boris Bellmann – www.palabrasviolentas.blogspot.com

Ensuciar NO es PRO

La campaña está en marcha y así las ciudades se empiezan a llenar de suciedad política. Pancartas, afiches, pintadas, entre otros artificios propagandísticos que creen poder influenciar lo que una persona piensa o deja de pensar acerca de tal o cuál candidato.

No me sorprende encontrar hasta en los lugares más inusuales (árboles) alguna consigna partidaria tratando de convencerme, en especial de partidos “tradicionales” que ya nos tienen acostumbrados.

Pero el PRO, un partido “moderno” (aunque el calificativo sea discutible, si quieren digamos “nuevo”), que uno supone por su discurso, es más original o novedoso, termina siendo igual a los otros. En Paraná, sus afiches, que quizás son más que los de otros partidos, posiblemente al disponer de más fondos, están pegados en vidrieras de locales comerciales sin locatarios, columnas de luz, cajas de electricidad o teléfono, cabinas de teléfonos públicos, alguna que otra pared, etc. Y puedo asegurar que, lamentablemente, son los que más han sido arrancados (costumbre politiquera si las hay).

Claro, los de otros partidos también invaden todo tipo de espacios, pero ellos no me sorprenden. El PRO, sí. Porque ensuciar NO es PRO. Ensuciar no es original. Y yo sé que tienen gente en sus filas que puede ser original.

Por lo que leí, el Intendente Halle envió misivas a todos los partidos para que se comprometan a no ensuciar la ciudad. Pero sus plegarias no han sido escuchadas. Y no me vengan con que luego de las elecciones los partidos se encargan de limpiar porque no es así. Quizás limpian algo, pero no todo. Y además, mientras tanto, hasta que se deciden a “limpiar”, la ciudad está sucia porque parece que en las elecciones se decide cuál es el partido que sabe ensuciar mejor.